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"A la línea", Rafael Alberti

Rafael Alberti A ti, contorno de la gracia humana, recta, curva, bailable geometría, delirante en la luz, caligrafía que diluye la niebla más liviana. A ti, sumisa cuanto más tirana misteriosa de flor y astronomía imprescindible al sueño y la poesía urgente al curso que tu ley dimana. A ti, bella expresión de lo distinto complejidad, araña, laberinto donde se mueve presa la figura. El infinito azul es tu palacio. Te canta el punto ardiendo en el espacio. A ti, andamio y sostén de la pintura. ______________________________________ Rafel Alberti (1902-1999)  Poeta español que en la coyuntura de la Guerra Civil Española tomó activamente partido por el gobierno republicano, participó arengando a los republicanos con su poesía, organizó diversos eventos y estuvo activo de muchas maneras. Vivió un larguísimo exilio en Argentina y en Italia, finalmente regresó a España y murió allí. Fue miembro de la Generación de 1927. Obtuvo el Premio Miguel de Cervantes en 1983.

"A galopar", Rafael Alberti

Rafael Alberti Las tierras, las tierras, las tierras de España, las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, al sol y a la luna. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar! A corazón suenan, resuenan, resuenan, las tierras de España, en las herraduras. Galopa, jinete del pueblo caballo de espuma ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar! Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; que es nadie la muerte si va en tu montura. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo que la tierra es tuya. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!    __________________________________ Rafel Alberti (1902-1999)  Poeta español que en la coyuntura de la Guerra Civil Española tomó activamente partido por el gobierno republicano, participó arengando a los republicanos con su poesía, organizó diversos eventos y estuvo activo de muchas maneras. Vivió un larguísimo exilio en Argentina y en Italia, finalmente regresó...

"¡Ah de la vida!...", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde? ¡Aquí de los antaños que he vivido! La Fortuna mis tiempos ha mordido; las Horas mi locura las esconde. ¡Que sin poder saber cómo ni a dónde la salud y la edad se hayan huido! Falta la vida, asiste lo vivido, y no hay calamidad que no me ronde. Ayer se fue; mañana no ha llegado; hoy se está yendo sin parar un punto: soy un fue, y un será, y un es cansado. En el hoy y mañana y ayer, junto pañales y mortaja, y he quedado presentes sucesiones de difunto. ___________________________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Fanccisco de Quevedo. Soneto.

" Adán en Paraíso, vos en huerto", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo Adán en Paraíso, vos en huerto,  él puesto en honra, vos en agonía,  él duerme, y vela mal su compañía,  la vuestra duerme, vos oráis despierto. Él cometió el primero desconcierto,  vos concertaste nuestro primer día,  cáliz bebéis, que vuestro Padre envía,  él come inobediencia, y vive muerto. El sudor de su rostro le sustenta,  el del vuestro mantiene nuestra gloria,  suya la culpa fue, vuestra la afrenta. Él dejó error, y vos dejáis memoria,  aquel fue engaño ciego, y esta venta.  ¡Cuán diferente nos dejáis la historia! ____________________________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A una nariz", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado. Era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado. Érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egipto, las doce Tribus de narices era. Érase un naricísimo infinito, muchísimo nariz, nariz tan fiera que en la cara de Anás fuera delito. ____________________________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A todas partes que me vuelvo, veo ..." Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo A todas partes que me vuelvo, veo  las amenazas de la llama ardiente,  y en cualquiera lugar tengo presente  tormento esquivo y burlador deseo. La vida es mi prisión, y no lo creo;  y al son del hierro, que perpetuamente  pesado arrastro, y humedezco ausente,  dentro mí proprio, pruebo a ser Orfeo. Hay en mi corazón furias y penas,  en él es el amor fuego, y tirano,  y yo padezco en mí la culpa mía. ¡Oh dueño sin piedad, que tal ordenas!  Pues del castigo de enemiga mano  no es precio, ni rescate la armonía. _________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.

"A Lísida, pidiéndole unas flores que tenía en la mano", Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo Ya que huyes de mí, Lísida hermosa, imita las costumbres de esta fuente, que huye de la orilla eternamente, y siempre la fecunda generosa. Huye de mí cortés y desdeñosa, sígate de mis ojos la corriente, y, aunque de paso, tanto fuego ardiente merézcate una hierba y una rosa. Pues mi pena ocasionas, pues te ríes del congojoso llanto que derramo en sacrificio al claustro de rubíes, perdona lo que soy por lo que amo, y cuando desdeñosa te desvíes, llévate allá la voz con que te llamo. _________________________________ Poesía española de los Siglos de Oro. Francisco de Quevedo.