Ir al contenido principal

"El ángel y el niño", Arthur Rimbaud






El nuevo año ha consumido ya la luz del primer día;
luz tan agradable para los niños, tanto tiempo esperada y tan pronto olvidada,
y, envuelto en sueño y risa, el niño adormecido se ha callado...
Está acostado en su cuna de plumas; y el sonajero ruidoso calla, junto a él, en el suelo.
Lo recuerda y tiene un sueño feliz:
tras los regalos de su madre, recibe los de los habitantes del cielo.
Su boca se entreabre, sonriente, y parece que sus labios entornados invocan a Dios.
Junto a su cabeza, un ángel aparece inclinado:
espía los susurros de un corazón inocente y, como colgado de su propia imagen,
contempla esta cara celestial: admira sus mejillas, su frente serena, los gozos de su alma,
esta flor que no ha tocado el Mediodía :
«¡Niño que a mí te pareces, vente al cielo conmigo! Entra en la morada divina;
habita el palacio que has visto en tu sueño;
¡eres digno! ¡Que la tierra no se quede ya con un hijo del cielo!
Aquí abajo, no podemos fiarnos de nadie; los mortales no acarician nunca con dicha sincera;
incluso del olor de la flor brota un algo amargo;
y los corazones agitados sólo gozan de alegrías tristes;
nunca la alegría reconforta sin nubes y una lágrima luce en la risa que duda.
¿Acaso tu frente pura tiene que ajarse en esta vida amarga, las preocupaciones turbar
los llantos de tus ojos color cielo y la sombra del ciprés dispersar las rosas de tu cara?
¡No ocurrirá! te llevaré conmigo a las tierras celestes,
para que unas tu voz al concierto de los habitantes del cielo.
Velarás por los hombres que se han quedado aquí abajo.
¡Vamos! Una Divinidad rompe los lazos que te atan a la vida.
¡Y que tu madre no se vele con lúgubre luto;
que no mire tu féretro con ojos diferentes de los que miraban tu cuna;
que abandone el entrecejo triste y que tus funerales no entristezcan su cara,
sino que lance azucenas a brazadas,
pues para un ser puro su último día es el más bello!»

De pronto acerca, leve, su ala a la boca rosada...
y lo siega, sin que se entere, acogiendo en sus alas azul cielo el alma del niño,
llevándolo a las altas regiones, con un blando aleteo.

Ahora, el lecho guarda sólo unos miembros empalidecidos, en los que aún hay belleza,
pero ya no hay un hálito que los alimente y les dé vida.
Murió... Mas en sus labios, que los besos perfuman aún, se muere la risa,
y ronda el nombre de su madre;
y según se muere, se acuerda de los regalos del año que nace.
Se diría que sus ojos se cierran, pesados, con un sueño tranquilo.
Pero este sueño, más que nuevo honor de un mortal,
rodea su frente de una luz celeste desconocida,
atestiguando que ya no es hijo de la tierra, sino criatura del Cielo.
¡Oh! con qué lágrimas la madre llora a su muerto
¡cómo inunda el querido sepulcro con el llanto que mana!
Mas, cada vez que cierra los ojos para un dulce sueño,
le aparece, en el umbral rosa del cielo, un ángel pequeñito que disfruta
llamando a la dulce madre que sonríe al que sonríe.
De pronto, resbalando en el aire, en torno a la madre extrañada,
revolotea con sus alas de nieve
y a sus labios delicados une sus labios divinos.







Poeta francés (1854-1891). Junto con Baudelaire, de quien recibió notable influencia, es conocido por el mote de poeta maldito.
__________________
Letras de acá y de allá. Blog de literatura

Comentarios

Entradas populares de este blog

"En crespa tempestad del oro undoso", Luis de Góngora

En crespa tempestad del oro undoso  nada golfos de luz ardiente y pura  mi corazón, sediento de hermosura,  si el cabello deslazas generoso. Leandro en mar de fuego proceloso  su amor ostenta, su vivir apura;  ícaro en senda de oro mal segura  arde sus alas por morir glorioso. Con pretensión de fénix, encendidas  sus esperanzas, que difuntas lloro,  intenta que su muerte engendre vidas. Avaro y rico y pobre, en el tesoro,  el castigo y la hambre imita a Midas,  Tántalo en fugitiva fuente de oro. _______________________________ Luis de Góngora y Argote (1561-1627), uno de los grandes sonetistas de la lengua española; a partir de su estilo rebuscado se creó el adjetivo gongorino. ________________________________ Letras de acá y de allá. Blog de literatura.

"Es la mujer del hombre lo más bueno", Lope de Vega

Es la mujer del hombre lo más bueno, y locura decir que lo más malo, su vida suele ser y su regalo, su muerte suele ser y su veneno. Cielo a los ojos, cándido y sereno, que muchas veces al infierno igualo, por bueno, al Mundo, su valor señalo; por malo, al hombre, su rigor condeno. Ella nos da su sangre, ella nos cría; no ha hecho el Cielo cosa más ingrata; es un ángel y a veces una arpía. Quiere, aborrece, trata bien, maltrata, y es la mujer, en fin, como sangría, que a veces da salud y a veces mata. ______________ Lope de Vega (1562-1635), uno de los grandes sonetistas de la lengua española.

"Cuelga sangriento de la cama al suelo", Lope de Vega

Cuelga sangriento de la cama al suelo el hombro diestro del ferzo tirano, que opuesto al muro de Betulia en vano, despidió contra sí rayos al cielo. Revuelto con el ansia el rojo velo del pabellón a la siniestra mano, descubre el espectáculo inhumano del tronco horrible, convertido en hielo. Vertido Baco, el fuerte arnés afea los vasos y la mesa derribada, duermen los guardas, que tan mal emplea; y sobre la muralla, coronada del pueblo de Israel, la casta hebrea con la cabeza resplandece armada. ______________ Lope de Vega (1562-1635), uno de los grandes sonetistas de la lengua española.